Norma Valle

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Educación y feminismo en la obra de Eugenio María de Hostos

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Me acerco a la obra de Eugenio María de Hostos para pensarla nuevamente, con una nueva mirada, la mirada de una académica feminista. Debo confesarles que la tarea inicialmente me intimidó, ya que las personas que han analizado y comentado la obra de este extraordinario pensador universal son casi todas estudiosas de importancia nacional e internacional. Recientemente se publicó un libro que considero extraordinario, por la sencillez y a la vez por la pasión con que está escrito, me refiero a Hostos como precursor de la escuela sociológica del Derecho en América, patria y sociología, del licenciado Juan Mari Brás (1927-2010).  Además, Hostos es el tema de estudio de mi querido y admirado, doctor José Ferrer Canales, quien me honró con su amistad. Así es que durante varios meses me ocupé de pensar a Hostos y en este ensayo, con mucha humildad, les comparto mis reflexiones.

I. Introducción

Nacido en el 1839 en Mayagüez (ciudad aledaña a mi Cabo Rojo natal), Eugenio María de Hostos partió pronto rumbo a España, donde se educó durante los años en los que se conceptualizó la primera república española de 1873-1874. Corrían por esos tiempos ideas de avanzadas en la vieja Europa, que se estremecía con importantes corrientes de pensamiento, como son el marxismo y el anarquismo. El positivismo, pensamiento filosófico que abraza Hostos, es considerado como el filo centrista entre el materialismo  (Marx y Engels, Bakunin y Kropotkin)  y el idealismo (Kant, Fichte, Schelling). El positivismo responde originalmente al francés Augusto Comte ((1798-1857) y más adelante es desarrollado, entre otros, por los filósofos británicos John Stuart Mill (1806-1873) y Herbert Spencer (1820-1903). En ese profundo intercambio de ideas, se toma de unos y de otros, para adelantar un concepto. Es así como en nuestra América Hispana influyen grandemente el positivismo y el liberalismo (económico, político) en la formación y desarrollo de las revoluciones burguesas nacionalistas y de la sociedad en general, mientras que el pensamiento de los mismos Stuart Mill y Spencer  incide en la filosofía anarquista que llega a América a través de los teóricos americanos –también puertorriqueños-- y de la organización obrera.
Para resumir este concepto, les digo que las ideas progresistas de Eugenio María de Hostos sobre la educación científica de la mujer le vienen principalmente del positivismo, pero él las hace suyas y las desarrolla hasta un punto más elevado, tanto en la teoría como en el ejercicio práctico de la pedagogía. Dice Gabriela Mora en el prólogo al libro La educación científica de la mujer (1993, p. 10):
La actitud progresista de Hostos supera también la de dedicados estudiosos que lucharon por mejorar la situación social femenina, como son John Stuart Mill en Inglaterra, y Concepción Arenal en España. A diferencia de ellos, que muestran renuencia a la participación de la mujer en la vida política, el antillano no sólo alienta el papel femenino como ciudadana, sino que ve su intervención en la cosa pública, como crucial para elevar la situación general de las repúblicas hispanoamericanas.

Mujeres y hombres contemporáneos de Hostos, en Inglaterra y en Francia, apoyaron apasionadamente la emancipación de las mujeres, así como su derecho a la educación, a ser ciudadanas (de ahí el sufragio), a ser trabajadoras y seres independientes. Algunas de ellas son ellas: la británica Mary Wollstonecraft (1759-1797) autora del libro fundacional del feminismo Vindications of the Rights of Woman; Olympe de Gouges (1748-1793) francesa, autora de la Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana (1791), de la franco-peruana Flora Tristán (1803-1844), autora de Unión Obrera, y del francés León Richer (1847-1907) periodista y activista feminista, uno de los fundadores del movimiento feminista en Francia. ¿Leyó Hostos sus trabajos, supo de ellas y de ellos? No lo sabemos con exactitud, aunque, muy posiblemente, debido al movimiento continuo y trasatlántico las ideas de progreso le llegaron a nuestro querido antillano. De Olympe de Gouges a Mary Wollstocraft, de ahí a John Stuart Mill, y luego a Hostos.
Especifico este tránsito de ideas, para aclarar que los conceptos, aún los de avanzadas que se manifiestan en Hostos, no se dan en un vacío. Sin embargto, el enorme vacío que había en el ejercicio de la pedagogía americana, ese sí lo vino a llenar nuestro Eugenio María de Hostos. Sus ensayos sobre la educación científica de la mujer son cinco. Los primeros tres, fueron originalmente discursos dictados en la Academia de Bellas Letras de Santiago de Chile y publicados en la Revista Sud-América, también de Chile, en el 1873. En el 1881, Hostos publica en la República Dominicana otros dos ensayos, uno muy breve, “Una escuela normal para niñas” y el otro, más extenso “La educación de la mujer”. Estos cinco trabajos están recogidos en el libro que ya les mencioné de 1993, publicado por el Instituto de Estudios Hostosianos de la Universidad de Puerto Rico. Esta es la edición de los ensayos de Hostos que he utilizado.

II. Feminismo en obra de Hostos

Considero que las prinicipales ideas feministas de Hostos son las siguientes:
--Primero,  entiende que  la mujer es un ser humano, con biología diferente, pero con un raciocinio igual al del hombre, por lo tanto debe tener iguales derechos.
--Segundo, que como es un ser humano igual al hombre, la mujer es “educable” .
--Tercero, que la educación de las mujeres debe ser amplia, y no circunscrita sólo al estudio de la religión y de las labores domésticas.
--Cuarto, que el matrimonio no debe ser la única profesión o “carrera” de la mujer, abriendo así la brecha para que ocupe otras e importantes profesiones.
--Quinto, que el sistema que es la sociedad, funciona de forma ineficaz sin la participación de las mujeres.
--Sexto, que la paternidad es una responsabilidad de tanta envergadura como la maternidad y debe ejercerse a base del ejemplo.
--Y séptimo, que en la práctica, las mujeres deben ser maestras en el hogar, en la escuela y en la sociedad.
Fíjense que Hostos explica sus teorías con el método científico, demuestra para su público, especialmente sus detractores, lo que dice: que hombres y mujeres son iguales, con todo lo que ese concepto conlleva, verdad, justicia, respeto, amor. Pero Hostos lo dice en el 1873, y lo reafirma en el 1881. Debemos tener presente que en ese momento, hace 137 años largos, las mujeres eran consideradas seres irracionales, no educables. Como decía el filósofo alemán Schopenhauer “seres de ideas cortas y cabellos largos”, sólo capaces de ser reproductoras sexuales de la especie. (Hasta el 1976, en nuestro querido Puerto Rico, las mujeres no formaban parte igual de la comunidad de bienes gananciales en la familia, no podían contratar ni establecer negocios sin el consentimiento de su padre, marido o hermano mayor.)
Hostos afirma que los pueblos de América Latina, por ser jóvenes, (y cito) “pueden reformarse más fácilmente que los viejos…” Y añade que “…ese cambio de vida es nada menos lo que se pide al procurar en una educación adecuada a su naturaleza el desarrollo moral, intelectual y social de la mujer. Nada menos que de un cambio de vida y de costumbre se trata”(p. 106).
En su análisis científico social, Hostos enumera las categorías de la mujer:
--“La mujer es educable”, (inteligencia).
--“La mujer es tan modelable por el ejemplo como el hombre”, (individuo).
--“La mujer es resultante directa de la sociedad en que vive”, (sistema social).
--“La mujer es un ser racional”, (biología).
--“La mujer es un ser consciente”, (física, medicina, biología).
--“La mujer es una entidad integrante de toda sociedad”, (sistema social).
“Como razón, la mujer puede educarse. Como conciencia, la mujer debe educarse. Como asociado, la mujer tiene el derecho de ser educada”, (p. 107).
Añade el científico social, que es Hostos: “aritméticamente, la mujer es la mitad; mecánicamente, el todo; mitad aritmético, todo mecánico del movimiento social ¿por qué torpe endiosamiento se atribuye el hombre todas las ventajas de la asociación, cuando proporcionalmente no le corresponde sino la mitad?” (p. 107).
A las personas que alegan que por naturaleza la mujer sólo debe ser madre, es decir, procrear, lactar y cuidar de su prole, Hostos le contesta que esa realidad es la parte naturaleza animal, salvaje, de la mujer, es una muestra de “no educación”, por lo tanto no existiría diferencia entre ella y la fauna del planeta.

III. Educación científica de la mujer

En la segunda conferencia que dictó en Santiago de Chile, Hostos esboza el “Programa de conferencias públicas para la educación de la mujer”, que incluye cuatro series de siete conferencias cada una. El programa incluye ciencias naturales, sociales y humanidades, desde la física, química, geología, biología, botánica y zoología; sociología, psicología, astronomía, cosmografía, cosmogonía, meteorología, geografía, antropología, fisiología, patología, etnología, historia, política y ética. Todo con una organización sabía y rigurosa (pp. 61-65). Y cuántas décadas han tenido que transcurrir para que las mujeres pudieran acceder a todo este conocimiento, que por más de cinco milenios les estuvo vedado. Las primeras dos conferencias que dictó Hostos, y su  posterior publicación, excitaron a la oposición férrea de la educación de las mujeres; tanto así, que la tercera conferencia de Hostos es una contestación al poeta y periodista chileno Luis Rodríguez Velasco, uno de los fundadores de la Academia de Bellas Letras de Santiago de Chile (p. 67). En este texto Rodríguez le dice a Hostos: “No cree usted que teniendo el hombre y la mujer distintos deberes no pueden tener sino distintos derechos”. A esto, Hostos le contesta que  “…la igualdad de fines individuales y sociales en la hembra racional y en el varón racional es una ley de vida”. Y añade que “No tampoco la definición de ‘educar es inspirar’ que, haciendo pitonisas, egerias, musas, mediadores místicos a las mujeres, la inutiliza tanto más para la vida real y racional, cuanto más las enaltece en los ensueños de la idealidad y más las encarcela en la recóndita armonía del sentimiento.”
Esta aseveración de Hostos me trae a la memoria de inmediato una afirmación de la poetisa boricua Josefina Moll, quien bajo el seudónimo de Flor Daliza, dice en un ensayo: “La mujer, como eterna inspiración de artistas y poetas, como musa y como ideal, tiene derecho a que esos mismos que piden a su belleza formas para copiar con su cincel y su buril, y a su amor sensaciones que hagan brotar la estrofa sonora, la sirvan de defensora en la actual lucha por su educación y perfeccionamiento” (NVF, LC, p. 33).
En otro de sus trabajos del 1881, Hostos esboza el plan para la escuela normal de mujeres, que en Puerto Rico se inició para esos mismos años, y que en la República Dominicana él mismo recomienda su fundación y hasta a su directora, la ilustre dominicana Salomé Ureña de Henríquez. En las directrices educativas que ofrece Hostos en Santo Domingo, enfatiza que a las mujeres, igual que a los hombres, no se les debe enseñar el fanatismo religioso y añade que debe enseñársele a las niñas y jóvenas “a no considerar el afecto como pasatiempo; a no considerar el matrimonio como la ‘única carrera de la mujer’; a no considerar el hogar como centro de tiranía impuesta o de tiranía sufrida…” (p. 111).

IV. ¿Y los hombres?
La francesa revolucionaria Olympe de Gouges, en su Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana comienza con las siguientes palabras: “Hombre, ¿eres capaz de ser justo? Una mujer te hace esta pregunta.” Y Hostos, en su primer texto como si le contestara a la pionera feminista dice “… nosotros somos responsables de los males que causan nuestra continua infracción de las leyes eternas de la naturaleza. Ley eterna de la naturaleza es la igualdad moral del hombre y de la mujer, porque la mujer, como el hombre, es obrero de la vida…” (p. 44).
Contemporáneos de Hostos en el Puerto Rico decimonónico, varios hombres compartieron sus ideas de avanzada en cuanto a la condición de la mujer: Alejandro Tapia y Rivera (1826-1882) escritor y periodista, autor de Póstumo el Transmigrado y Póstumo el Envirginiado, novela feminista por excelencia, Manuel Fernández Juncos (1846-1928), Manuel Elzaburu Vizcarrondo (1851-1892) y Gabriel Ferrer Hernández (1848-1900), quien escribió un libro sobre la mujer. Ya a finales del 19 y principios del Siglo 20, obreros ilustrado, principalmente de ideología anarquista publicaron varios textos a favor de la educación de las mujeres, de su incorporación al trabajo y al sindicato, así como a favor de una emancipación total. Podemos mencionar a Alonso Torres, José Ferrer y Ferrer y Venancio Cruz.
Entre las mujeres del 19, podemos mencionar a la poetisa Lola Rodríguez de Tió, quien sabemos estuvo en contacto con Hostos, y por supuesto, a Ana Roqué, educadora como Hostos, escritora, periodista, activista feminista y sufragista.

V. La educación como la primera causa feminista

Cuando inicié mis trabajos de investigación sobre el feminismo en Puerto Rico identifiqué a la lucha por la educación como la primera causa de las feministas de la primera ola. A la educación, se le añadió años después el sufragismo. Pero fue en torno a la defensa de la educación para las mujeres que las puertorriqueñas de diferente clase social y de diferentes ideologías se unieron y se organizaron. En la educación les iba la vida. La educación para ellas era el pasaporte a la libertad. Tanto para Ana Roqué e Isabel Andreu de Aguilar, por un lado, como para Luisa Capetillo y Franca de Armiño, por el otro, la educación libre de prejuicios era esencial en la lucha por la emancipación de las mujeres.
Al servicio de esta lucha, larga, lenta y angustiosa, Eugenio María de Hostos puso su análisis científico, su erudición, su convicción y su devoción.
Y termino con todo mi agradecimiento a Hostos,  con una de sus brillantes argumentos:
Se debe educar a la mujer para que sea ser humano, para que cultive y desarrolle sus facultades, para que practique su razón, para que viva su conciencia, no para que funcione en la vida social con las funciones privativas de mujer. Cuando más ser humano se conozca y se sienta, más mujer querrá ser y sabrá ser. (pp. 46-47)



Bibliografía


Hostos, Eugenio María de. La educación científica de la mujer. Prólogo de Gabriela Mora. Río Piedras, Puerto Rico: Editorial de la Universidad de Puerto Rico, 1972.

Mari Brás, Juan. Hostos, Patria y Sociología. Mayagüez, Puerto Rico: Ediciones Barco de Papel, 2008.

Montes, Miriam, Mulero, Leonor y Orraca, Olivia. Ana Roqué de Duprey: Precursora del Periodismo Feminista. Cuaderno de Comunicación I. Río Piedras, Puerto Rico: Escuela de Comunicación Pública, 1988.

Valle Ferrer, Norma. “Primeros fermentos de lucha femenina en Puerto Rico”, Revista del Instituto de Cultura Puertorriqueña, Núm. 89,San Juan de Puerto Rico, 1985.

Valle Ferrer, Norma. Luisa Capetillo, historia de una mujer proscrita. 1ra. Ed. San Juan, Puerto Rico: Editorial Cultural, 1990.

 

© Norma Valle Ferrer

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