Norma Valle

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Santo, Santo, Santo... manos de mujeres ahora tallan santos

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Como un experimento, la artesana hizo cinco piezas de las “las tres reinas magas” para el IV Encuentro de Talladoras de Santos, realizado en abril de 2000 en el Arsenal de la Puntilla, ubicado en el Viejo San Juan. La talla experimental fue todo un éxito con su clientela. Las cinco tallas de las reinas magas se vendieron como “pan caliente” y la artesana recibió varias órdenes de compra adicionales.

Así es como Raquel Pagani, una de las santeras más conocidas de Puerto Rico, creó a principios del siglo XXI una talla original, un nuevo santo de palo. La talla de cedro blanco tiene 7.4 pulgadas de alto desde la base hasta la corona y 6.5 pulgadas de ancho; está compuesta por tres figuras de mujer, una de ellas negra, pintadas en acrílico de colores pastel. El estilo, según Pagani, es contemporáneo, pero definitivamente cuando una persona observa la talla de “las tres reinas magas” lo que sus ojos ven es un santo puertorriqueño, que preserva en las fibras de esa noble madera por lo menos cinco siglos de tradición popular.

 

Es importante reconocer la ingeniosidad de Pagani, puesto que la talla de los tres reyes o los santos reyes ha sido la más popular en Puerto Rico durante siglos. Pagani tomó la idea de una obra gráfica de la artista Lizzette Lugo sobre las reinas. La hija de Pagani vio el grabado de Lugo, le fascinó y le dijo: “Mamá, tienes que hacer una talla de las reinas”. La santera entonces habló con la grabadora e hicieron un pacto verbal: cuando Pagani hiciera su primera talla de las reinas se la intercambiaría a Lugo por su grabado. Y así fue.

ORÍGENES DE LOS SANTOS DE PALO

En tiempos de la colonia española en Puerto Rico, la Iglesia Católica tenía en la isla pocos templos, alejados uno del otro, lo que, sumado a los escasos y malos caminos y carreteras, dificultaba que la feligresía asistiera a la misa diaria, ni siquiera a la misa dominical. Esta es la razón más esgrimida por estudiosos para explicar el surgimiento y desarrollo de esta manifestación de arte popular religioso a partir del siglo XVI. En casi todos los hogares boricuas, desde la más humilde casita de familia campesina hasta la casona de los ricos hacendados, había un altar para la devoción religiosa. Usualmente tenía una o más tallas de santos, velas y flores, especialmente azucenas, porque su perfume impregnaba el lugar. Las familias adineradas importaban sus figuras religiosas de España, pero la mayoría compraba sus santos de palo en la isla a los santeros criollos. Algunos santeros aprendieron su oficio de sacerdotes españoles o de los pocos escultores que visitaron la colonia, pero la mayoría lo hizo por cuenta propia, de ahí lo auténtico y original de su trabajo. De origen humilde, los santeros nativos tenían el taller en su propia choza, tal como siglos antes los artesanos medievales desarrollaron su arte.

Los santeros vivían de forma devota, por lo que su comunidad los distinguía y los consideraba. Durante la primera mitad del siglo XX, con el devenir de los tiempos modernos, la construcción de caminos y el gradual crecimiento urbano, los santos de palo perdieron su función en los rituales religiosos. Sin embargo, este arte popular pronto tomó un nuevo significado, se convirtió en símbolo de la tradición hispánica criollizada en una nación que ha luchado por mantener su identidad propia a pesar de la invasión de Estados Unidos en 1898. Más adelante con el renacimiento de varios aspectos de la cultura nacional puertorriqueña, en las décadas de los años cincuenta y los años sesenta, los santeros volvieron a ocupar un lugar destacado en la sociedad y los santos de palo se convirtieron en un deseado y atesorado objeto de arte.

LOS SANTOS MÁS POPULARES

La talla de los reyes magos, o parranda, como se le conoce popularmente, ha evolucionado en la historia, o, como apuntan los críticos, se ha criollizado, se ha puertorriqueñizado. La talla de los reyes magos tiene las tres figuras de los reyes, uno de ellos negro, a pie o a caballo, lo que la diferencia de cualquier otra representación artística de España o Iberoamérica, donde los reyes se presentan sobre camellos. Una de las principales características de esta talla es el objeto que cargan los reyes en sus manos: puede ser lo que indica la tradición cristiana, es decir, cofres con incienso, mirra y oro; o los instrumentos musicales típicos de Puerto Rico: el cuatro, el güiro y las maracas;i o la bandera nacional,ii e incluso machetes y rifles como los santos de una importante exhibición realizada en San Juan en 1972, “La Revolución de los Santos”. Esta exposición presentó al público la impresionante colección creada por el poeta y tallador José Manuel Torres Santiago. Sus reyes cargan rifles, granadas y machetes como un símbolo de la revolución puertorriqueña a favor de la independencia nacional. Torres Santiago, actualmente catedrático de estudios puertorriqueños en la City University of New York, Hunter College, quiso hacer una denuncia política, a través de la cual convirtió este ícono popular en un símbolo revolucionario. Todas sus obras se vendieron y hoy forman parte de varias colecciones privadas de santos de palo.iii

Otras tallas populares de santos son San Antonio y el milagro de Hormigueros. San Antonio es el patrón de aquellas personas que buscan novio, tradicionalmente las chicas. La copla popular –que se canta con picardía- dice así

Tengo a San Antonio
puesto de cabeza
si no me busca novio
nadie lo endereza.

Cuando se llega de visita a una casa y se observa que la talla de San Antonio esta de cabeza, ya se sabe de qué se trata. Usualmente los visitantes se intercambian miradas y se sonríen sin comentar la situación en voz alta. El milagro de Hormigueros representa la leyenda del campesino criollo que fue salvado por la Virgen de la Monserrate, una virgen negra.

Cuenta la leyenda que el campesino estaba arando la tierra cuando un toro salvaje se acercaba con furia a embestirlo, y en ese momento el campesino rogó a la Virgen de la Monserrate que lo salvara. La Virgen, que oyó la plegaria, se apareció e hizo que el toro se arrodillara frente al campesino. Esa escena es la que presenta la talla: La Virgen de la Monserrate en alto, al frente y de pie está el campesino mientras que el toro arrodillado se inclina respetuoso frente al hombre y la Virgen.

DEBUTAN LAS MUJERES SANTERAS

La cuchilla le provocaba aprensión. Un respetito que no invitaba a utilizarla. Así describe Raquel Pagani su relación primera con la talla de santos de palo. Sin embargo, de la aprensión o resistencia pasó a dominar la cuchilla hasta convertirla en un instrumento amigo del trabajo gustoso, tallar santos, más bien santas, santitas, vírgenes de caras lindas y delicadas…

El hecho de que haya mujeres santeras, especialmente que se reúnan en un encuentro de mujeres artistas de la talla de santos de palo, es una actividad reciente del mundo cultural de Puerto Rico, ya que han sido los santeros, los hombres santeros, quienes han preservado la tradición por varios siglos. Expertos en el folclor puertorriqueño estiman que actualmente hay unas diez mil (10,000) tallas de santos de palo creadas entre finales del siglo XVIII y principios del XX ubicadas en museos, colecciones privadas o simplemente en modestos altares hogareños (Traba, 1972, p. 77). En 1947, el doctor Ricardo Alegría, investigador, escritor, fundador y primer director del Instituto de Cultura Puertorriqueña, organizó la primera exhibición importante de santos de palo en la Universidad de Puerto Rico. Desde ese momento, coleccionistas nacionales e internacionales, así como críticos y estudiosos del arte, han concentrado su atención en el análisis crítico de esta tradición que reclama no solamente su lugar como pieza de valor y placer estético, sino que también inspira devoción religiosa en aquellos que creen firmemente en la intercesión de los santos ante Dios.

La investigadora Irene Curbelo, preparó y publicó una cronología de los santos de palo de Puerto Rico que ubica a los primeros santeros conocidos en los años de 1770 hasta 1830, periodo considerado de los “santeros de estilo colonial” porque trabajaban la madera siguiendo las reglas e instrucciones de los sacerdotes españoles destacados en la isla. Sus esculturas más formales se colocaban en los altares de las iglesias, por lo que eran de tamaño más grande y también formales en su estilo. El estilo autóctono que desarrollaron varias familias de talladores puede ubicarse en los años de 1800 y muchas de sus piezas --del grupo Rivera o del grupo Cabán-- pueden apreciarse en museos, como el Museo de las Américas, en el Viejo San Juan, y en el de la Smithsonian Institution, en Washington, D. C. Esta última entidad tiene una de las colecciones más grandes de santos en el mundo, donada por el coleccionista privado puertorriqueño y estudioso de las artes populares nacionales, Teodoro Vidal.iv El estilo primitivo puede observarse en las tallas de la familia de esa época. En 1956, Ricardo Alegría hizo un extraordinario documental dramático sobre la historia de Zoilo Cajigas, un santero que vivió 110 años. Parcialmente ficcionalizado, el documental presenta la tradicional talla del santo de palo y cómo el santero se enfrenta al “progreso”. En el filme El santero el progreso se representa por medio de una moderna fábrica de figuras religiosas de plástico, elaboradas y pintadas por impresionantes máquinas manipuladas por operarias jóvenes poco diestras. Mientras que al santero se le presenta como una figura mítica, un venerable anciano que vivía una vida ascética en la campiña, tallando sus pequeños santos gracias a la inspiración y la devoción al Altísimo. El documental, sin embargo, tiene un final feliz. El santero de la historia no puede vender sus tallas en el portal de la iglesia del pueblo pero se dirige a la Universidad de Puerto Rico. En el campus de Río Piedras varios jóvenes investigadores y profesores le compran sus santos para exhibirlos en la primera gran exposición de santos como una auténtica expresión del arte puertorriqueño.v

EL ESTILO TRADICIONAL DE LOS SANTOS

El santo tradicional de Puerto Rico es una escultura redonda, lo que significa que su cabeza, cuerpo y ropa usualmente se tallan en una sola pieza. Según Curbelo, aunque los santos de gran tamaño se hacían para las iglesias, la mayoría de los santos antiguos que se conservan son los que se hicieron para la religiosidad del hogar, esto es, que miden entre veinte y cincuenta centímetros. Por lo general, el santo está completamente hecho de madera. Las maderas nativas, duraderas y fáciles para trabajar, eran las preferidas; como el capá, el guayacán, la caoba, el cedro macho y el cedro hembra. Los estudiosos entienden que la mayoría de los santeros utilizaba instrumentos primitivos, usualmente fabricados de forma improvisada por ellos mismos, y muchas veces se utilizaba simplemente una cuchilla de bolsillo. “Las piezas más formales y sofisticadas revelan que se utilizaron cinceles y buriles”, apunta Curbelo.vi Hoy en día, las maderas utilizadas por las mujeres talladoras son las mismas que los santeros utilizaron durante siglos, especialmente caoba, guayacán y los diferentes tipos de cedro.vii

Sin embargo, las herramientas han cambiado significativamente. La Administración de Artesanías, que funciona como dependencia de la Compañía de Fomento Industrial (PRIDCO) ha distribuido durante las últimas décadas miles de dólares en equipo a los santeros y santeras de Puerto Rico. De hecho, Raquel Pagani tiene varias máquinas eficientes tecnológicamente para cortar madera. “No piense que porque tengo estas máquinas mis piezas no son hechas a mano”, dice Pagani para eliminar cualquier duda sobre su arte popular. Ella utiliza la maquinaria para cortar las piezas de madera que luego talla a mano para convertirlas en santos. Además, con la máquina hace las bases para los santos. Definitivamente, podemos decir que los tiempos han cambiado desde que don Zoilo Cajigas salía al campo, hacía una diestra incisión en un árbol con su machete y con el pedazo de madera en mano se iba a su humilde hogar a tallar. Pero, claro está, los tiempos han cambiado y antes no había mujeres santeras; o tal vez las había y trabajaban en el taller de la familia como lo hacían en las familias medievales, renacentistas, coloniales…

EN BUSCA DE LAS MUJERES SANTERAS

La profesora Myriam D. Vargas afirma que las mujeres talladoras de santos o santeras sólo han recibido reconocimiento durante la última década, ya que su trabajo ha sido “ignorado o minusvalorado”. Menciona a varias santeras cuyos nombres han surgido durante su investigación sobre esta tradición de arte popular, como el de Justina Torres de Ramos, del pueblo de Aguada; Virginia Cajigas, de Camuy, y Juana “Pichona”, de la localidad de Cataño.viii La mayoría de las mujeres talladoras de santos de palo en la isla han trabajado intensamente durante los últimos cinco a ocho años, aunque se sabe que algunas mujeres de las familias extendidas de santeros reconocidos han trabajado y trabajan junto a sus maridos y parientes en el taller. Éste es el caso de Santia Rivera Martínez, esposa del famoso Domingo Orta de Ponce, quien se inició en el taller de la familia como pasatiempo, después pintaba las tallas de Domingo y terminó convirtiéndose en santera por derecho propio. Santia es muy tímida, pero a la vez firme con respecto a su familia y a su arte. Se casó con Domingo Orta cuando tenía sólo catorce años y desde entonces ha trabajado incansablemente para contribuir en el sostén del hogar; además de criar a sus hijos (cuatro varones y dos mujeres). “Ella empezó pintando todos los santos que yo tallaba, pero hace como 25 años se inició en la talla:, explicó don Domingo, entrevistado en su taller, entre sus tallas a medio terminar y aquellas terminadas por él y por Santia. “Ella es mejor artista que yo”, dice don Domingo con mucha humildad, él que ha exhibido en los mejores museos de Puerto Rico y Estados Unidos. “Yo creo que es buena porque ella no solamente talla sino que también puede mezclar bien los colores y usarlos con eficiencia”, añade el orgulloso esposo. A Santia Orta se le rindió homenaje como una de las mejores talladoras de Puerto Rico en 1995 durante el Primer Encuentro de Mujeres Santeras, actividad que le fue dedicada.

Santia talla miniaturas de los tres reyes a pie y a caballo, también hace piezas de tamaño regular de siete a veinte pulgadas. Sus tallas favoritas son las de las Once mil vírgenes y la Virgen de los Reyes, una talla de belleza rara, ya que se compone de una Virgen sentada en un trono, ubicado en un nivel alto, con las figuras pequeñas de los tres reyes magos al frente. Santia es la mayor en su familia, sesenta y tantos años de edad, pero todas la mujeres de esta familia tallan santos o trabajan en algún tipo de artesanía, como lo hacen sus dos hijas y sus nueras. “Todo el que llega a la familia Orta se convierte en artesano, deben ser especiales”, afirmó Walter Murray Chiesa, experto en arte popular y coleccionista, quien ha trabajado durante años en el Instituto de Cultura Puertorriqueña.

Iris Torres, a quien se le dedicó el IV Encuentro de Talladoras de Santos, es otro ejemplo de una mujer que trabaja en el taller familiar; localizado en las montañas de Orocovis, pueblo donde también se encuentra el Museo del Santo. Iris es la viuda de Rafael Avilés, quien perteneció a la familia Avilés, reconocida por su artesanía. “Después de que te casas con uno de ellos, simplemente los sigues al taller. Si mi marido iba a buscar materiales, en especial madera, yo iba con él, lo seguía. Le dije que quería tallar; lo que no se consideraba femenino. ¿Quién se imaginaba que las mujeres podían tallar?”, explica, y añade: “De niña me enseñaron a coser; a zurcir y a bordar para poder ayudar a mi mamá, que era modista”.

Iris, una de los trece hijos e hijas de una familia pobre, pensó que ella sería tan sólo una buena ama de casa. Sin embargo, Torres ha ganado premios y ha vendido cientos de tallas. Ha sido invitada a las Islas Canarias, España, y a Chicago, EEUU para exponer sus piezas. Trabaja en el refrescante ambiente de su taller de madera, en la parte trasera de su casa, en donde tiene una hamaca, un fogón y muchos árboles frutales de toronja, de china, guayaba y caoba.ix Su esposo le enseñó a usar la cuchilla, pero después, con la práctica, adquirió su estilo propio; actualmente Iris talla frecuentemente la popular Virgen de la Monserrate, la virgen mulata y criolla, que esculpe en ébano o en majó.

LAS MUJERES SE ENAMORAN DE LA TALLA

La vida de Zaida Isern es muy diferente a la de las santeras rurales. Isern tiene un grado universitario en educación para escuela elemental. Su esposo es médico y cuando sus hijos eran pequeños decidió renunciar a su trabajo de maestra para quedarse en casa. “Comenzamos a asistir a ferias de artesanías, viajamos por la isla para ir a las ferias y adquirimos una colección de santos de palo. Entonces fue que ví un anuncio de un curso de talla de santos en la Universidad de Puerto Rico, programa de educación continuada. Tomé el curso durante cinco meses y mi vida cambió. Desde entonces tallo todos los días, es una especie de adicción. Necesito estar envuelta con la madera todos los días,” explica Zaida.

La artesana opina que una vez que se comienza a tallar una figura “el santo guía tus manos”. Ella sigue la inspiración que la virgen o el santo que está tallando le pide, le exige. Ha tomado cursos con los maestros talladores Luis González y José Rosado. Isern talla, como muchas de las santeras, distintos santos, pero le encanta tallar a la Madre Teresa. Ha vendido más de 50 piezas con la imagen de esa mujer santa. Cada vez que va a una feria y la gente ve su pieza de la Madre Teresa, le piden más. Ella también esculpe la Virgen de los Reyes, la Virgen Milagrosa y San Judas Tadeo.

Zobeida Maldonado se encontraba en el hermoso atrio del Museo de Arte de Puerto Rico, tallando y conversando con visitantes a la exhibición “Santos, Sustancia y Alma”. La gente se arremolinaba a su alrededor para verla tallar. Le compraban un Arcángel Gabriel. Zobeida se crió en Estados Unidos y se formó académicamente en el reconocido Pratt Institute de la ciudad de Nueva York pero regresó a Puerto Rico a trabajar en el campo de la publicidad. Tuvo éxito, cumplió con sus compromisos de familia, pero cuando pudo hacerlo: “abrí la gaveta, saqué los pinceles y las cuchillas… y empecé a tallar y a exhibir”. Zobeida sí entiende que hay una delicadeza especial en la talla de las mujeres y afirma que en términos de creatividad las mujeres tienen una fuerza extraordinaria.

Es Zobeida Maldonado quien explica que las mujeres prefieren llamarse talladoras de santos en vez de santeras, como se llamó durante siglos a los hombres santeros. Así evitan la alusión que podría hacerse a la “santería” cubana, la religión sincrética que profesan muchos cubanos y caribeños en general y que se popularizó en Puerto Rico con el influjo de la migración cubana posterior a la Revolución de 1959.

Awilda Anguita, artesana de la área oeste de la isla, Mayagüez, fue una de las santeras que exhibió sus santos de palo en la histórica exhibición Santos 2000, en el Museo de Arte de Ponce, de junio 25 al 31 de agosto de 2000.x La exhibición es una bienal de arte que se efectúa para promover los santos de palo hechos por artistas puertorriqueños, y simultáneamente fomenta el aprecio del público por esta tradición. Anguita exhibió dos piezas: La Virgen de la Candelaria, patrona de su pueblo, y la Adoración de los Reyes Magos. Anguita trabaja como administradora de un asilo de ancianos, pero se encuentra involucrada en actividades culturales de su pueblo.xi

El Museo de Arte de Ponce, el Museo de las Américas, el Museo de Arte de la Universidad de Puerto Rico y el Museo de Arte de Puerto Rico tienen colecciones permanentes de santos puertorriqueños, algunos incluso se remontan al siglo XVIII. A estos propósitos, del 14 de diciembre de 2001 hasta el 9 de junio del 2002 se presentó la exhibición Alma y Substancia, Santos en el Museo de Arte de Puerto Rico con el auspicio del Centro de Investigación y Educación sobre Materiales de la Smithsonian Institution, mientras que entre julio y octubre de 2002 el Museo de Arte de Ponce presentó al público su quinta y última bienal de santos contemporáneos. Esta bienal “marca el fin de un ciclo de una fértil temporada en la cual la institución jugó un papel clave en el renacer de la tradición”xii de la talla de santos de palo, lee el catálogo de la exhibición.

EL SANTO DE PALO COMO ÍCONO POPULAR

La tradición de los santos de palo ha tenido influencia en otras áreas de las artes plásticas, por ejemplo, ha sido reproducida en cientos de carteles, serigrafías, óleos e instalaciones.xiii Desde la década de los años cuarenta del siglo XX cuando el doctor Ricardo Alegría fundó el Museo de la Universidad de Puerto Rico y desarrolló tres colecciones permanentes de santos, los artistas Lorenzo Homar, Rafael Tufiño, José Rosa, Lissette Rosado y muchos otros se han inspirado en las tallas religiosas. Hay carteles en los que se muestra el santo, pero también el santo es utilizado como un ícono de la cultura puertorriqueña para resaltar una pintura. Es probable que existan cientos de trabajos gráficos en Puerto Rico que presenten el santo como protagonista o como símbolo.

Norma Vega creció observando y escuchando hablar de los santos de palo y hoy ha destinado un espacio de su hogar como taller, localizado en el balcón.xiv Recuerda que su abuela tenía un altar con santos, por lo tanto, se crió viendo las figuras de madera. Hace como diez años Vega y su esposo José Sierra visitaban distintas ferias, y coleccionaban santos cuando decidieron tomar un curso de talla en el Instituto de Cultura Puertorriqueña. Desde entonces están tallando, pero sus talleres están localizados en distintas áreas de la casa. “Yo tallo todos los días, simplemente me encana”, dice emocionada mientras exhibe su San Rafael Arcángel, sus vírgenes y santas. Ella estima que ha producido cerca de 150 tallas en su corta carrera como santera, las exhibe y las vende en ferias a las que es invitada. Como parte de las actividades del V Encuentro de Mujeres Talladoras se llevó a cabo la subasta del primer nacimiento colectivo realizado por mujeres talladoras, organizada por Vega. El dinero que se recaudó lo donaron a la Casa Protegida Julia de Burgos, un albergue para mujeres sobrevivientes de violencia doméstica y sus hijos e hijas. El nacimiento, compuesto de 33 piezas, fue creado por 19 talladoras. Durante la exhibición del nacimiento, el 28 de abril en el Paseo de La Princesa en el Viejo San Juan, Norma Vega, gestora del proyecto, se dirigió a los presentes diciendo: “En cada una de estas piezas se resaltan estilos y características únicas, lo cual hace de la pieza final un verdadero legado a futuras generaciones, coleccionistas o amantes de la talla y la cultura puertorriqueña. Aprovecho la oportunidad para agradecer a todas las compañeras talladoras que se han dado cita hoy aquí por su respaldo y apoyo desde el primer momento en que les presenté la idea de este nacimiento. No sólo le agradezco que hayan donado su tiempo y esmero a esa noble causa, sino también que hayan sido cómplices en escribir una página más en la historia de la mujeres talladoras de nuestro país”.

LA RELIGIÓN DE LAS SANTERAS

En siglos pasados era esperado que los santeros fueran católicos devotos, pero ése ya no es el caso. Aunque Zaida Isern, Norma Vega y Carmen Lourdes Tañón son católicas prácticas. Raquel Pagani pertenece a la Iglesia Luterana. “Tengo un respeto profundo por los santos”, dice mientras muestra varios volúmenes del libro Vidas de santos, cuya lectura disfruta para aprender las características de los santos que talla. “También busco en la red cibernéica la información sobre los santos”, añade. Algunas de las iglesias protestantes prohíben a sus feligreses la talla de santos, aunque no todas lo hacen. “Yo me lleno de lo que es el santo para trabajarlo”, comenta Tañón.

DIFERENCIAS DE LOS SANTOS TALLADOS POR MUJERES

Las santeras entrevistadas identifican algunas diferencias entre sus tallas y las que realizan sus colegas varones. “Creo que le dedicamos más tiempo a los detalles”, dice Isern, mientras que Pagani explica que “tallamos facciones mucho más delicadas en las caritas”. Entre ellas, las talladoras de santos, hay una relación de solidaridad, de unión, en las ferias de artesanías aprenden una de la otra, intercambiando consejos de su trabajo cotidiano. Estas artistas de la talla religiosa aprenden no sólo de profesores experimentados en escuelas vocacionales, en el Instituto de Cultura Puertorriqueña y en el Programa de Educación Continuada de la Universidad de Puerto Rico, sino también al visitar las colecciones de santos que los museos han seleccionado y anotado cuidadosamente, y cuyas colecciones se remontan al siglo XVIII.

El reconocido santero Luis González profesor de talla en el Departamento de Bellos Oficios de la Universidad de Puerto Rico, apunta que entre sus estudiantes tiene casi igual número de mujeres que de hombres; sin embargo, observa que las mujeres manifiestan más interés y devoción. Cuestionado sobre las diferencias entre ambos géneros descarta el “miedo a la cuchilla”, pues bien dice que las mujeres siempre han usado el cuchillo en la cocina. Sí entiende que “las mujeres tienen más sensibilidad, se entusiasman más, sacan el tiempo de donde no lo tienen para terminar sus trabajos”. Sobre el porqué el oficio de santero ha sido masculino durante siglos, don Luis, autodidacta en su oficio como la tradición lo dicta, opina que podría ubicarse en la enseñanza que los sacerdotes españoles de la colonia le impartieron a los varones y no a las mujeres, que en esos tiempos se dedicaban principalmente a la tarea doméstica y a la pequeña agricultura.

LOS SANTOS EN LA TRADICIÓN HISPÁNICA

La cronología de eventos aquí descrita no es única de la cultura puertorriqueña, los especialistas en arte folclórico Chuck y Jan Rosenak han estudiado meticulosamente los santeros de la tradición hispánica del norte de Nuevo México y el sur de Colorado. “La gente de esa región, rodeada de tentaciones y un ambiente muchas veces hostil, está unida por su fortaleza interna de devoción religiosa. Los santeros –y más recientemente las santeras- han contribuido a fortalecer la fe de los creyentes, han tratado de vivir vidas ejemplares y han expresado verdades sencillas y virtudes en su arte; han buscado la intercesión de los ángeles y de los santos para su protección. Ellos nos han dado la oportunidad de gozar de la introspección con un arte de importancia universal en nuestra vida diaria, no solamente con ideas abstractas”.xv

Personalmente, como periodista e investigadora, he viajado extensamente por Sudamérica y Centroamérica, en cuyos países he encontrado la noble tradición de la talla de santos. Cada cultura nacional refleja características especiales en sus santos. Conocidos son los santos de México, Guatemala, Venezuela y Paraguay, y por supuesto, los de Nuevo México y Colorado, que han sido ampliamente documentados. En algunos de estos países los santos de palo fueron hechos para las iglesias de los pequeños pueblos y aldeas. En Puerto Rico, uno de las más pobres de nuestros países pobres, los santos se hicieron principalmente para los altares hogareños. Todavía hoy, en el siglo XXI, pueden observarse estos pequeños altares de devoción.

La investigadora Marie Romero Cash explica en su obra que el arte del santero del sur de Colorado experimentó el mismo tipo de evolución que otras de las artes populares: “Estaba basado en un modelo, un artista influía en otro, y así por el estilo. Los ejemplos que sobreviven son eslabones en una cadena de producción artística que se deriva del pasado y contribuye al futuro”. Cuando describe el papel de la mujer en la talla de santos dice: “aunque no está claro el rol de las aldeanas en la talla de santos porque no se ha investigado, es evidente que estas valerosas mujeres de ascendencia hispánica ayudaron a sus maridos y padres santeros de múltiples maneras. Además, las mujeres siempre colaboraban en la aplicación del color al cuerpo y a las caras de los santos, así como en otro tipo de tareas”.xvi

Conocer el arte tradicional de los santeros de otras partes de Hispanoamérica nos revela orígenes y desarrollo similares; sin embargo, cada cultura refleja sus características únicas, así es con los santos de Puerto Rico, que son típicamente puertorriqueños.

SOLIDARIDAD ENTRE LAS SANTERAS

Las talladoras de santos de palo asisten a múltiples ferias y exhibiciones durante el año, es su forma de darse a conocer y de vender. Estas actividades son parte de una nueva tradición puertorriqueña, la de observar –como en un museo-, apreciar y comprar arte popular, especialmente santos. Además, siempre está presente la idea de crear una colección privada. Una profesora universitaria recientemente me mostraba con orgullo su colección de vírgenes, otras personas coleccionan sólo tallas de los tres reyes magos. Algunas de las más importantes actividades son las Fiestas de la Calle San Sebastián y la Feria de Artesanía de Barranquitas. Como un proyecto reciente varios centros comerciales se han unido a este esfuerzo promocional y han instituido sus propias exhibiciones, como son la de Plaza de las Américas, en San Juan, y la de Plaza del Caribe, en Ponce. En casi todas las instancias se cuenta con el asesoramiento del Instituto de Cultura Puertorriqueña que organiza, además, varios concursos anuales de talla de santos para conmemorar efemérides significativas para la cultura nacional.

Respecto a este punto, varias mujeres talladoras afirmaron que se les discrimina en los concursos, ya que en la mayoría la participación es estrictamente por invitación. Una talladora comentó que “es difícil entrar al mercado de los certámenes, la mayor parte del jurado está integrado por hombres y conocen el estilo y siempre ganan los mismos”. Comentan que los premios de mayor cantidad de dinero se ofrecen a los santeros o los invitan exclusivamente a ellos. Apuntaron también que los certámenes para mujeres talladoras son menos y usualmente el premio en metálico es menor que el que se ofrece en los concursos para los hombres. En las cinco bienales auspiciadas por el Museo de Arte de Ponce, las talladoras conforman una proporción ínfima del total de santeros invitados a participar.

Sin embargo, algunas santeras han triunfado en certámenes especializados y consideran que su victoria la deben al mismo santo que tallan. Éste es el caso de Carmen Lourdes Tañón, quien en sólo un lustro ha logrado amplio reconocimiento como talladora. En el concurso que el centro comercial Plaza de las Américas auspició en torno a la tragedia de las Torres Gemelas de Nueva York, Carmen Lourdes fue invitada. “Primero pensé que no tenía tiempo para hacer la talla, luego soñé durante tres noches consecutivas con la talla que debía hacer Al tercer día me levanté temprano, hice el boceto, lo mostré a mi familia y empecé a tallar”, explica y añade que talló energizada durante días, diez o doce horas diarias, con una fe y una devoción impresionantes. Terminó la talla sólo horas antes del vencimiento del plazo para presentarse a concurso. Su talla obtuvo el primer premio. Carmen Lourdes se estremece cuando narra lo sucedido, sus ojos se humedecen, muestra la talla hermosa: Cristo llorando le pide a Dios Padre por la paz del mundo. Abraza las torres y con la punta de los dedos lanza al vuelo una paloma de la paz.

CLIENTES Y TALLAS FAVORITAS

Raquel Pagani entiende que la mayoría de su clientela está formada por coleccionistas privados. Pero Norma Vega ha vendido la impresionante talla Ánima sola a varias mujeres celosas, que buscan solucionar problemas de pareja. La llamativa talla del Ánima sola presenta la imagen de una mujer -¿o su espíritu?- que sobresale entre lenguas de fuego. También vendió una Santa Lucía a una joven cuyo novia tenía problemas de visión y una virgen a una mujer que padecía de los riñones. “Vienen buscando un santo en particular, por ejemplo, San Rafael es el patrono de la salud, así es que siempre es bueno tenerlo en la casa, para que toda la familia se mantenga saludable”, cuenta Vega con una amplia sonrisa, narrando las historias maravillosas de sus clientes.

María Santiago Burgos, de Orocovis, talló su primera virgen embarazada en 1995 o 1996. “Algunas personas me dijeron que eso era pecado pero yo sentía la talla, así es que fui donde el párroco y le pregunté, él me contestó que la Virgen se podía plasmar embarazada o lactante, que no era ningún pecado”, afirmó María, y desde entonces siempre talla la virgen embarazada, que es una de las tallas que más vende.

Priscilla Concepción Corchado, de Río Grande, talla siempre y con devoción; sus santitas tienen melenas negras, espesas, casi como si fueran su autorretrato. Las vírgenes, las santas y también los santos de Rosalinda Pérez Valentín, del pueblo de Bayamón, tienen una característica especial: sus ojos están demarcados de forma única, ojos que buscan y miran a su dueña. Su Santa Rosa refleja profundo amor. Y Carmen Lourdes Tañón, de Naranjito, quien considera que aprender a tallar fue la mejor decisión que ha tomado en su vida; talla la parranda o reyes magos muchas veces para complacer a su clientela.

CONCLUSIONES

Una vez realizada esta investigación, en términos de género, puede entenderse que una de las razones principales para que las mujeres estuvieran marginadas de la talla de santos de palo durante los Siglos XVII y XVIII, por lo menos públicamente, es porque no se consideraba que las mujeres tuvieran una relación con Dios directa, como la se suponía que tenían los hombres. Solo los hombres son sacerdotes en el rito católico, por lo que son ellos los que reciben el don para representar a Dios en la tierra. Y los santeros, debemos recordarlo eran una especie de persona con olor a santidad. Por otra parte, entiendo que siempre las mujeres estuvieron presentes en la talla, colaborando especialmente en la pintura y en otros detalles del trabajo en el grupo familiar.

Aunque las mujeres en Puerto Rico no cuentan por centurias sus años en la talla de santos de palo, su pasión actual se da como un torrente. Es loable que se hayan organizado y que manifiesten solidaridad unas con otras, lo que refleja una conciencia de género pocas veces lograda en tan poco tiempo. Profundiza esa conciencia el hecho de que hayan donado el importe de la subasta de su histórico Nacimiento o Belén a un albergue de mujeres sobrevivientes de violencia doméstica. Es también un logro que se celebre un encuentro anual de talladoras, auspiciado por el Instituto de Cultura Puertorriqueña, y que las talladoras reciban el apoyo de agencias como la Compañía de Fomento Artesanal, de gobiernos municipales y de empresas privadas. Entendemos que otro hito en su desarrollo como artistas populares es lograr visibilidad en la comunidad, que asiste masivamente a sus exhibiciones.

Debo señalar que, aunque no puede afirmarse definitivamente ni con respecto a todas las tallas o todas las talladoras, el ojo entrenado puede identificar los santos tallados por mujeres. Me encontré frente a una mesa grande, durante una exhibición reciente en el Museo de Arte de Puerto Rico cuando hice el ejercicio, fui reconociendo una a una de las tallas diciendo este santo fue tallado por una mujer; este también y así sucesivamente. En casi todos los casos acerté. No sé si este experimento pudiera repetirse con igual resultado, es un factor que me gustaría seguir explorando: las características particulares y específicas que el género le imprime a la talla de santos.

Pero tal vez lo más importante de las santeras puertorriqueñas es que tallan con fruición, por devoción religiosa o por el placer estético de realizar una obra de arte de calidad. Y también, absolutamente, porque muchas viven económicamente de la talla de santos. Por la razón que esgriman o por todas ellas, las mujeres talladoras aman su oficio y con ese amor, avivan al espíritu de la tradición de los santeros y santeras de Puerto Rico.

EPÍLOGO

El 8 de marzo de 2002, Día Internacional de la Mujer, fui invitada por la Librería Castlebooks, en Río Piedras a ofrecer una charla sobre las talladoras de santos. Ofrecí una versión breve de este ensayo. Fui sorprendida por la asistencia de un grupo importante de santeras que acudieron allí a “conocerse a sí mismas”, según lo expresaron. Yo diría, más bien que se “reconocieron”, pues a ellas corresponde todo el apoyo que nuestra comunidad les brinda. Mi agradecimiento va para estas dedicadas y devotas santeras que ennoblecen este oficio autóctono varias veces centenario.

 

(Este ensayo forma parte del libro Creatividad invisible. Mujeres y arte popular en América Latina y el Caribe. Eli Bartra, compiladora. México: Universidad Nacional Autónoma de México, México, 2004, pp. 52-74.)

Notas

1- El cuatro es un instrumento más pequeño que la guitarra, que tiene sólo cuatro cuerdas. El güiro es un instrumento de percusión hecho de higüera y las maracas es otro instrumento de percusión hecho de la vaina de la higüera seca.

2-  La bandera de Puerto Rico tiene cinco franjas rojas y blancas y un triángulo azul en cuyo centro hay una estrella.

3-  José Manuel Torres Santiago (1940-2011) es autor varios libros de poesía, entre éstos, La paloma asesinada y En las manos del pueblo; así como de libros de narrativa.

4-  A finales de la década de 1990, la Smithsonian Institution recibió la donación y desde entonces ha exhibido partes de la colección de Teodoro Vidal.

5-  El santero, dirigida por Amílcar Tirado, con guión de Ricardo Alegría, 1956, una película de la División de Educación a la Comunidad. Archivos de Cine, Archivo Nacional, San Juan, Puerto Rico.

6- Irene Curbelo de Díaz González, en Traba, La rebelión de los santos, Apéndice C.

7- La madera de guayacán se obtiene del árbol del mismo nombre. Fue reconocida en tiempos de Shakespeare (y citada en su obra) como medicinal. Esta madera es dura, de color claro. Los puertorriqueños relacionan su identidad nacional con la madera del guayacán, esto es, fuerte y perdurable más allá de la vida.

8- Carmen González, Mujeres artesanas talladoras de santos, 29 de abril, 2001, folleto distribuido en el IV Encuentro de Talladoras, Instituto de Cultura Puertorriqueña, San Juan, Puerto Rico.

9- Asunción Cantres Correa,, “Homenaje a una orocoveña”, en El Nuevo Día, 28 de abril de 2001, p. 54.

10- “Haz tu aparición, Santos 2000, Bienal de Santos Tallados en Madera por Artesanos Puertorriqueños”, anuncio del Museo de Arte de Ponce, publicado en El Nuevo Día, 22 de junio de 2000, p. 26.

11- “Expone tallas en Santos 2000”, en La Estrella de Puerto Rico, 10 al 16 de agosto de 2000, pp. 39-40.

12- Larissa Vázquez, “Lo mejor de la talla: la bienal de Santos del MAP”, en El Nuevo Día, 14 de julio de 2002, p. 8.

13- El cartel es otra de las más importantes tradiciones artísticas puertorriqueñas, cultivada por los mejores pintores y grabadores del país.

14- Durante entrevistas realizada por esta autora para un artículo publicado en la revista latinoamericana Fempress (Santiago, Chile), las mujeres puertorriqueñas seleccionaron el balcón como su lugar favorito en la casa, ya que lo consideran su ventana al mundo exterior.

15- Chuck y Jan Rosenak, The Saint Makers. Contemporary Santeras and Santeros, 1998, p. 2 (Traducción al español de esta autora).

16- Marie Romero Cash, Santos, 1999, pp. 15-17 (Traducción al español de esta autora).

 

 

BIBLIOGRAFÍA

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