Norma Valle

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Imágenes de mujeres: visión de la mujer en el cine

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Mi reflexión de hoy la hago principalmente desde dos puntos de vista: Primero como comunicadora y segundo como feminista y estudiosa de la condición de la mujer.

Hace escasamente un año organicé para la Escuela de Comunicación Pública de la Universidad de Puerto Rico la Jornada Cinematográfica “Cine de Mujer”, durante la cual tuvimos la oportunidad de ver diez largo metrajes sobre la mujer realizados en Puerto Rico. Además los discutimos con varios de sus realizadores y realizadoras, así como guionistas y profesores de cine. A diferencia de este Encuentro de Mujeres Cineastas, Cine de Mujer incluyó varios documentales y docudramas hechos por hombres. Nos movió una pregunta principal, ¿son feministas las películas sobre la mujer hechas en Puerto Rico? Y, luego otra surgió de la jornada, ¿tiene sexo el lenguaje cinematográfico?

La gama de películas exhibidas iban desde las primeras de la División de Educación de la Comunidad—Modesta y Geña, la de Blas—hasta las más recientes de Sonia Fritz, profesora aquí en la Universidad del Sagrado Corazón. Fue fácil contestar la primera interrogante. Si, definitivamente, con lagunas y gradaciones, podemos concluir que esas películas tienen un mensaje feminista.

Ahora, la segunda pregunta: ¿tiene sexo el lenguaje cinematográfico?, es una mucho más compleja y controversial. Reta esta pregunta lo más profundo del sistema de sexo-genero en el cual vivimos. Es el análisis de esta cuestión lo que tendré hoy más presente.

Pero, volvamos por un momento a los docudramas de la División de Educación de la Comunidad. Las películas del tema “mujer” se catalogaban por los directores de la División bajo la categoría de “Películas que plantean aspectos del proceso democrático”, en cuyo renglón se incluyó a la mayoría de las películas educativas hechas para el pueblo puertorriqueño. Los temas tratados en las mismas eran “el líder autoritario, el temor, la superstición, la falta de recursos, la explotación de un intermediario, los prejuicios, la intolerancia y el discrimen contra la mujer”. (Malavé, p. 10). Estos temas fueron tratados desde un punto de vista armónico con el sistema, en el cual no hubiera ruptura con los valores culturales y la idiosincrasia del pueblo boricua, pero intentando adelantar unos procesos de participación. Edwin Rosskan, Director de la División, dijo en el 1949 “fue necesario experimentar para averiguar, primero: qué es lo que le gusta al público rural, y lo que mejor entiende; y segundo: el procedimiento más económico de producir las buenas películas, folletos y carteles”. (Citado por Malavé, p. 5)

Entonces vemos como las películas Modesta, Geña, la de Blas, y Los Derechos de la Mujer deben participar en el proceso democrático, pero sin retar las estructuras tradicionales del poder establecido, para esto, por lo tanto, deberán funcionar con el poder prestado del hombre, siempre dependiente de él. Es una recomendación a la participación subrepticia, que refuerza el estereotipo de la “esposa suplente” o peón, cuyo concepto surgió y se desarrolló hace unos 5,000 años en la Antigua Sumeria (Lerner, La creación del patriarcado) y encontramos claramente en Geña, la de Blas y en Los Derechos de la Mujer. Las películas de la División de Educación a la Comunidad a la vez que refuerzan el estereotipo, amplían ligeramente los derechos de la mujer en este ámbito. Intrapolando las aseveraciones del comunicólogo Jesús Martín Barbero, el medio del cine se proyecta como una mediación entre los mitos, mores y valores del receptor y el mensaje del emisor.

La imagen de la mujer puertorriqueña de las décadas del ’40, ’50, y ’60, los años de la transición boricua, se ve a un tiempo reflejada en esas películas y reforzada en su estilo de vida y patrón de conducta. Es la retórica que todavía escuchamos en boca de la doctora Mercedes Otero de Ramos (Secretaria de Corrección), quien olímpicamente dijo el otro día en un programa de radio, que “en mi casa el que manda es mi marido, en las cárceles el gobernador”, pero ella utiliza ambos poderes prestados. Una retórica que refleja ambivalencia, ya que sabemos lo asertiva que es Dona Mercedes en la práctica… Si queremos saber porque nuestras madres son como son, su retrato formal está en las películas de la División.

Pero las mujeres puertorriqueñas han cambiado, hemos cambiado porque su realidad también lo ha hecho, y porque luego de más de 5,000 años de subordinación, las mujeres del mundo ya estamos en la ruta hacia nuestra plena emancipación. Las boricuas no somos la excepción. En la sociedad nuestra hay una ruptura con los valores tradicionales, esa ruptura comienza a reflejarse, aún en la tímida producción cinematográfica de nuestras mujeres.

Es por esto que regresamos al segundo planteamiento, ¿tiene sexo el lenguaje cinematográfico? Esa interrogante cambia el enfoque de la crítica de cine del contenido, hacia la forma. (Hagamos una disgresión para explicar que la crítica feminista de cine tiene su antecedente inmediato en la Revista “Women and Film” que se publica en el 1972. La revista refleja el debate de entonces: por un lado las feministas exigen un cine comprometido con la lucha de la mujer, un cine que destaque los aspectos positivos de la participación de la mujer en la sociedad para que sirva de pivote y provocador de la discusión y la concientización feminista; y del otro los profesionales del medio que exigen calidad ante todo irrespectivamente de su enfoque).

Una vez transcurridos las primeras décadas de esa segunda etapa de la lucha feminista, se conquista la capacidad profesional en muchos casos, es decir que un factor no está reñido con el otro, es decir una película puede ser feminista y además tener excelencia profesional.

Ahora, a finales de los ochenta y principios de los noventa, el planteamiento sobre el cine va más allá del contenido de sus obras, de la esencia de un personaje, como seria la protagonista en “Another Woman” (1988) de Woody Allen…va a cuestionarse el lenguaje mismo del cine… (algo así como cuando nos cuestionamos el lenguaje en la literatura y hablamos no del contenido argumental de la novela o el cuento, sino de cómo se escribe ese cuento, con un lenguaje cargado de la ideología dominante.

Pues bien, la teórica de la comunicación Teresa de Lauretis, en su ensayo reciente “Rethinking Women’s Cinema” dice que debemos cambiar las preguntas de antes y formular unas nuevas, como por ejemplo: “¿qué huellas formales estilísticas o temáticas señalan la presencia femenina detrás de la cámara? y entonces, generalizar para decir, ésta es la imagen y el sonido del cine de mujeres y este es su lenguaje”.

Las cineastas Ana María García y Sonia Fritz hablando durante la jornada Cine de Mujer, afirmaron que definitivamente la mujer tiene un lenguaje diferente en el cine. Y la profesora Carmen Ana Miranda, de la Escuela de Comunicación Pública (UPR, RP), opinó que “definitivamente el lenguaje cinematográfico tiene género, la forma de manipular la cámara al filmar, editar, producir, refleja una particular concepción del mundo, y esa concepción es diferente en el hombre y en la mujer”.

El doctor Luis Trelles Plazaola, en su libro sobre mujeres cineastas latinoamericanas, elabora que sus películas tienen planteamientos que pueden considerarse feministas, aún cuando su realizadora no lo sea abiertamente.

El trabajo de una cineasta puede reflejar su punto de vista femenino aunque no sea feminista. Mientras que el trabajo del hombre reflejará su perspectiva masculina y puede ser o no ser feminista.

Yo entiendo, que el trabajo de creación de las mujeres, en el medio que sea, refleja su otredad, refleja la cultura de las mujeres, que en palabras de la erudita historiadora Gerda Lerner “es la base en la que las mujeres apoyan su resistencia a la dominación patriarcal y reivindican su poder creador para dar forma a la sociedad”. Las mujeres vivimos una dualidad, somos miembros de la cultura general y participamos de la cultura de la mujer. El termino “cultura de la mujer” lo han utilizado también en un sentido antropológico para incluir las redes familiares y de amistades de las mujeres, sus lazos afectivos y sus rituales”. (Lerner, p. 344).

Esa cultura es la que creo reflejan los cortometrajes: “Alba” de Mayra Ortiz, un gozoso corto en el cual nos adentramos en las fantasías de una niña, vemos como esa misma niña se ríe complacida cuando la sirvienta contesta con un ruidoso golpe en la cabeza al amo que se atreve acariciarle las nalgas…

--“Los ángeles se han fatigado” vemos la mujer maltratada que no ve más opción que ama a su agresor, al hombre que la victimizó, sin dejarle otra opción a su vida.

--En la imagen detallista e íntima del brevísimo corto “Elizán,” también se refleja el ojo femenino que se detiene en detalles como un gancho de ropa y una sombrilla.

En estos, como en los cortometrajes experimentales de Poli Marichal, Marimater O’Neill y Frieda Medín vemos el mundo íntimo de las mujeres, su otredad. Percibo además en varios de los cortometrajes que se presentan durante este encuentro un sentido del humor ausente en el cine hecho por hombres en Puerto Rico.

Ahora, ¿porqué es importante reconocer que el lenguaje cinematográfico tiene sexo, así como lo tiene el lenguaje que hablamos diariamente, este español nuestro, o el lenguaje del pincel en la artes plásticas? Creo que es importante porque solamente así entenderemos la importancia de viabilizar, feminizar el cine y los medios, para que nos representen a nosotras las mujeres. Para que al ver una película reconozcamos nuestras propias imágenes, nuestra propia voz… aunque después estemos de acuerdo o en desacuerdo con sus planteamientos políticos o filosóficos…

No creo que la otredad tendrá que manifestarse por siempre, porque soy de las que cree que según advinimos históricamente a la subordinación, podremos vencerla para alcanzar la plena igualdad, una vez la hayamos alcanzado, es posible que nuestro cine de mujer refleje complementaridad.

 

 

Referencias

De Lauretis, Teresa. Rethinking Women’s Cinema. (New German Critique, No. 34, pp. 154-175, Published by Duke University Press) Disponible en Internet.

 

Lerner, Gerda. La creación del patriarcado. Traducción de Mónica Tussell. España: Editorial Crítica, S.A., 1990.

 

Malavé, Carlos.

Martín Babero, Jesús. De los medios a las mediaciones. Barcelona, España: Gustavo Gili, 1987.

 

Trelles Plazaola, Luis. Cine y mujer en América Latina: Directoras de largometrajes de ficciónn. San Juan, Puerto Rico: Editorial de la Universidad de Puerto Rico, 1991.

(Nota de la autora: Este texto fue editado y anotado para publicar en esta página.)

 

Ponencia
Encuentro de mujeres cineastas
25 de febrero de 1990
Universidad del Sagrado Corazón
Santurce, Puerto Rico

 

c)Norma Valle Ferrer

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