Norma Valle

Font Size

Profile

Menu Style

Cpanel

Muchas columnas, pocos columnistas

  • PDF

Es posible que este no sea uno de los períodos históricos más felices para discutir, analizar e historiar la columna periodística en nuestro país, pues ciertamente se publican muchas columnas, pero son muy pocos los columnistas.

Además, son pocos los libros académicos que abordan este género del periodismo escrito y electrónico. Uno de esos, es el libro de la profesora de la Universidad Complutense de Madrid, Luisa Santamaría, El Comentario Periodístico de la Editorial Paraninfo (Madrid, 1990). Otros libros y manuales tocan el tema de refilón, siempre como uno de los géneros de solicitación de opinión. Me he preguntado mientras escribía este ensayo el por qué de la escasez de textos sobre ese género y pienso que tal vez se espera que el/la periodista que escribe columnas sea una persona avezada en el oficio del periodismo, de gran erudición, con experiencia profesional y de vida, por lo que no necesitaría de los textos y manuales con los que se administran y enseñan los cursos de periodismo.

Aquí en Puerto Rico, donde todavía no es pródiga la bibliografía de y sobre el periodismo, la tesis de maestría de Olivia Orraca, La columna periodística Índice Cultural de Nilita Vientos Gastón como vehículo de divulgación, que tuve el privilegio de dirigir, es una buena referencia para la historia de la columna en la Isla. También mis estudiantes de posgrado el curso de periodismo analítico en la Escuela de Comunicación Pública de la Universidad de Puerto Rico se convirtieron en comentaristas del género, ya que cada uno de ellas/os trabajó la vida y la obra de periodistas de las décadas de los 50 a los 70 del Siglo 20. De todos ellos y ellas también se nutren estos apuntes.

Abordaré el tema desde tres perspectivas: primero, definiré el género con todas sus características; segundo hablaré sobre la historia de la columna en Puerto Rico y de su evolución hasta nuestros días, y tercero, ofreceré unas reflexiones muy personales sobre la importancia de este género para el país y para los periodistas profesionales.

 

El género de la columna periodística

A la columna se le ha llamado artículo, escrito, nota, comentario y hasta ensayo. Este nombre de columna que actualmente tiene el género nos viene del periodismo anglosajón. Cuando pensamos en una columna, no todos pensamos en lo mismo, puesto que podemos aplicar el término a aquella famosa columna sindicada del analista norteamericano Jack Anderson; que se publicaba en cientos de periódicos a través de los países occidentales, traducida a un puñado de idiomas, para la cual un verdadero ejército de periodistas investigaba a diario. Podríamos pensar en la columna de Cristina que publicaba El Mundo (1921-1987), en Ann Landers, la doctora corazón de los norteamericanos. O en la real maravillosa columna de Gabriel García Márquez, de Mario Benedetti o de Mario Vargas Llosa que distribuye el periódico El País, de España. Columnas de política, de cultura, de cocina, de deportes, del tiempo. Columnas densas como ladrillos y otras tan livianas y graciosas que podrían volar por las redacciones.

Pero veamos, cuáles son las características que hacen de esas cuartillas, líneas o caracteres una columna. Actualmente se define el género de la columna por sus características principales: periodicidad, título permanente, estilo de solicitación en la expresión, libertad del autor o autora para elegir temas diversos, y la firma que avala su contenido, que suele ser de un periodista especializado o de un colaborador. A ésas características se le añade la locación fija que significa que usualmente aparece en una sección o página específica del periódico. Podríamos tomar de ejemplo, la columna del humorista Fernando Clemente (seudónimo), que se publica semanalmente en la página 13 del periódico Claridad, y la de la periodista Mayra Montero titulada “Antes que llegue el lunes” que aparece semanalmente en la Revista Domingo de El Nuevo Día, en la página 5.

Estudiosos del género

En su investigación de posgrado, la comunicadora Olivia Orraca resume las opiniones de varios estudiosos españoles que se incluyen a continuación.

El género de la columna se ha definido históricamente de diversas maneras. Ha tenido la aceptación de crónica, artículo de opinión u comentario. José Luis Martínez Albertos, profesor y autor de textos de periodismo, define la columna con el término de comentario y explica “razonador, orientador, analítico, enjuiciativo y valorativo”. Martínez Albertos explica que se diferencia del editorial porque la responsabilidad del escrito recae únicamente en el autor de la columna. Gonzalo Martín Vivaldi indica que “la columna es una especie de crónica”. Coincide con Martínez Albertos al indicar que es interpretativa y valorativa. Amando De Miguel en Sociología de la páginas de opinión afirma que la columna pertenece al periodismo literario cuyo valor es orientador.

De Miguel explica que la columna se diferencia del periodismo informativo y del literario porque estos tienen función de informar y entretener respectivamente. También clasifica como otros géneros periodísticos la crítica cultural y la colaboración especializada.

Otros autores incluyen estos términos dentro del género de la columna. Según Martín Vivaldi, el columnista puede ser el crítico habitual del periódico. Explica que la diferencia estriba en que el autor de la crítica cultural es un especialista en la materia y no tiene que ser un periodista. En Apuntes del periodismo, junto a René Fell, apunta que el “columnista es un comentarista por cuenta propia”. La Enciclopedia de Periodismo y Comunicación afirma que existe una diferencia esencial entre los términos crónica y columna. La columna se basa en el comentario y la crónica en la carga informativa. También aclara que la columna es de origen anglosajón y la crónica es un producto literario latino. José Martínez de Sousa, autor de varios diccionarios relacionados con la comunicación impresa, define el concepto de columna reuniendo las características básicas que exponen los autores citados:

“Género periodístico interpretativo que consiste en una crónica o comentario firmado, de periodicidad, presentación y locación fijas, en los que se tratan temas variados, desde la política internacional hasta las confidencias y chismes relacionados con personalidades de actualidad.”

Martínez de Sousa además señala que el autor puede ser un periodista o un colaborador. Es columnista en cuanto tiene a su cargo y con su firma una columna permanente. Los autores coinciden en que las características esenciales del género son la periodicidad, la libre selección de temas del columnista, el carácter interpretativo o de solicitación, el título o presentación permanente y la firma que avala el contenido.

Una sola característica no hace una columna

Luego de explorar las definiciones que ofrecen los autores de textos de periodismo sobre la columna, volvamos a las características que la definen.

Cada una de estas cinco características por sí sola no define a la columna o al columnista, ya que deben darse en un conjunto. Analicemos la periodicidad: un reportaje especial o de interés humano puede publicarse todos los domingos en el mismo lugar del periódico. Esto no lo hace columna, puesto que no tiene estilo de solicitación o de opinión, sino que es o debe ser informativo, tampoco tiene la firma que avala su contenido.

Por otro lado, tomemos un artículo que tiene estilo de solicitación y que se publica en la sección editorial de un diario, por ejemplo, El Nuevo Día, sección Perspectiva. Tiene el estilo, podría tener una buena firma, pero no tiene ni la periodicidad, ni el título fijo. Se convierte, por lo tanto, en una colaboración, y el autor o autora es una colaboradora. Veamos el caso de la columna “Tertulias de aquí” del periódico Diálogo. Podríamos intentar extender la definición y llamarla columna, ya que tiene periodicidad, título permanente, locación fija, estilo de solicitación y selección de temas diversos, pero como no tiene un solo autor, sino varios, y tampoco son periodistas; “Tertulias de aquí” sólo podría considerarse una sección, y los autores de estos artículos no serían columnistas, sino colaboradores de esta sección.

Analicemos ahora el estilo de solicitación. El autor y profesor de periodismo José Luis Martínez Albertos en su libro Curso general de redacción periodística, sostiene que existe una especie de dogma teórico práctico del fenómeno periodístico “tolerables en el comunicador de periódicos”: actitudes de información y de solicitación. Si se informa, el género es noticia y cualquiera de los tipos de artículo clásico argumentativo; si hay solicitación, entonces es un editorial si no está firmado, y una columna si tiene las otras características del género. En el estilo de solicitación hay dos formas básicas de expresión: interpretativo y objetivo. Claro, debemos comprender que ambas formas son subjetivas, pero la primera plantea, explica y ofrece conclusiones, sin que el autor o autora asuma una postura determinada. Cuidado, no pensemos que esto no es subjetivo, pues la subjetividad, valga la redundancia, está en la selección e inclusión de datos y en la utilización del lenguaje, porque por supuesto cada palabra representa una construcción cultural y así también lo hace el estilo de redacción de una pieza periodística en este caso una columna.

A mis estudiantes recomiendo un esquema muy funcional para escribir columnas:

1. Introducción: anclaje en la noticia de actualidad o en la anécdota reciente,

2. Argumentos explicativos para apoyar dos o más posiciones, ya sean parecidas o divergentes,

3. Ejemplos personales o conocidos de primera mano,

4. Conclusiones

5. Solicitación o demanda de acción u opinión

Este bosquejo es principalmente para la columna interpretativa, mientras que para la objetiva, se eliminan las últimas dos, y se finaliza señalando a los lectores que hagan su propio juicio.

Toquemos ahora la característica de la firma. Por firma se entiende el nombre de una persona que tiene autoridad para hablar, para opinar. El deseo de opinar no es algo vano, ya que con la opinión se ejerce un innegable poder en la sociedad. Ese deseo es uno por el cual muchas personas están dispuestas a colaborar hasta gratis para cualquier publicación con el fin de entrar a la palestra pública. Por persona que tiene autoridad se entiende aquella que tiene reconocimiento en la sociedad, su palabra conlleva seriedad y peso.

Historia de la columna en Puerto Rico

En su disertación, Olivia Orraca identifica la columna “Variedades” como la primera en la historia de nuestro periodismo. A diferencia del resto de los segmentos o secciones de la Gaceta de Puerto Rico, el estilo de “Variedades” rompía con la rigidez de la información publicada en el resto del periódico.

Tenía ya para principios del Siglo XIX casi todas las características de la columna: periodicidad, estilo de solicitación, locación fija, y tema libre. Aunque muchas veces su punto de vista era la primera persona, la columna era firmada con seudónimo o no se firmaba, una característica del periodismo puertorriqueño decimonónico, cuando la censura previa y posterior, era la regla y no la excepción. “Variedades” se publicó por años en La Gaceta y posteriormente en otros periódicos. Otra columna que tuvo significación durante mediados del Siglo XIX fue “Gacetillas”, también de tema libre y sueltos subjetivos.

Vemos posteriormente el surgimiento de muchísimos periódicos importantes de corta duración, en prácticamente todas las áreas del saber: política, humor, obrerismo, feminismo, espiritismo, entre otras. Nuevamente tengo que repetir que la periodicidad era muy difícil sostenerla y la firma tenía que esconderse bajo seudónimos debido a la fuerte censura, mediante la cual el gobierno colonial español secuestraba el periódico, suspendía su publicación y en muchos casos encarcelaba a periodistas e impresores. Sin embargo, a finales del siglo surgen periódicos que inician el fenómeno que hoy conocemos como medio masivo, como fueron La Correspondencia y La Democracia. Ambos deberían ser estudiados en este aspecto, pero definitivamente en La Democracia, encontramos los comentarios de Luis Muñoz Rivera, que podrían considerarse precursores de la columna de opinión política.

Ya para inicios del siglo XX comienza a perfilarse la columna como la conocemos hoy día. Una de estas fue “Palique” del columnista Nemesio Canales, que se publicó en el periódico El Día del 1911 al 1914. Las columnas de Canales han sido recogidas y publicadas por la Editorial de la Universidad de Puerto Rico. A partir de ese momento, nacen otros diarios importantes en nuestra vida de pueblo, como fueron El Imparcial y El Mundo, cuyos columnistas hoy recordamos con afecto y admiración. Fueron hombres, y también varias mujeres, que honraron el género de la columna y que hoy debemos estudiar. Sólo mencionaré a algunos de ellos.

Algunos/as columnistas importantes

Entre los periodistas mencionaremos a Eliseo Combas Guerra, quien escribió durante 40 años la columna diaria “En Torno a la Fortaleza” para el periódico El Mundo. Una columna principalmente de tema político, aunque como bien lo define el género, tocaba múltiples tópicos. En El Mundo se destacaron también las periodistas Ángela Luisa Torregrosa (“Ángela Luisa dice”), Carmen Reyes Padró (“Entre Nosotras”), que iniciaron sus labores en El Imparcial, Marina Molina (Noticiero del Oriente), y los periodistas Juan Martínez Capó (“La Escena Literaria”), Rafael Pont Flores (En broma y en serio”), Miguel Ángel Santín (“Trasfondo”).

Entre los columnistas no periodista sobresalieron Nilita Vientos Gastón (“Índice Cultural”) y Salvador Tió (“A fuego lento”), con el tema cultural, y Manuel Méndez Ballester, que al asunto cultural le añadía el humor.

Mención aparte merecen César Andréu Iglesias y Juan Mari Brás. Ambos advinieron al periodismo desde la política, pero posteriormente se convirtieron en columnistas y periodistas por derecho propio. César Andréu fue columnista de El Imparcial durante una década. Su columna “Cosas de Aquí” reseñaba no sólo la vida cotidiana, sino cómo incidían las decisiones políticas en Juan del Pueblo. Por su parte, Juan Mari Brás se inició en las lides periodísticas en el periódico universitario La Torre y después fue columnista de Claridad con su “Comentario Político” y con “Pulso Caribeño”, que se publicó en El Mundo durante varios años.

En The San Juan Star se distinguió como columnista, el periodista Eddie López, quien con su “Candid Flowers” nos hizo reír y nos hizo pensar. En lo que llamaremos la primera época de El Nuevo Día, podemos mencionar a Luis Rechani Agrait, Pedro Vázquez, Ariel Ortiz Tellechea e Ismael Fernández, quien todavía sigue desempeñándose en la función de columnista. En la que llamo la segunda etapa de El Nuevo Día se destacaron Rafael Castro Pereda y Mayra Montero con sus “Aguaceros Dispersos”. Mientras trabajó en El Mundo, Montero escribió la columna “Lo que no dijo el cable”, de carácter político internacional.

Entre columnistas que vienen de otras disciplinas, en específico de la política, podemos mencionar a los profesores Celeste Benítez, José Arsenio Torres y José Garriga Picó en El Vocero, a los abogados Juan Manuel García Pasalacqua en The San Juan Star y a Luis Dávila Colón en El Vocero. En Claridad ya mencionamos a Fernando Clemente, quien escribe “Entrando por la salida”; otros columnistas vienen de la política, como son el profesor de geografía Julio Muriente y los abogados Manuel de J. González y Noel Colón Martínez.

Debo añadir que el género de la columna también se encuentra en los medios electrónicos. Yo misma lo he cultivado en radio, Radio Universidad de Puerto Rico y Cadena Radio Puerto Rico, mientras que la periodista Carmen Jovet tiene una columna en la televisión.

Una hipótesis a modo de reflexión

Inicié este ensayo afirmando que éstos no son días felices para la columna periodística. Lo creo así porque son muy pocos los periodistas que son columnistas actualmente. Desde hace unos años, tal vez ya cumplimos más de una década de ese nuevo estilo, son los politólogos, y especialistas de otras disciplinas quienes colaboran con columnas periódicas en la prensa escrita del país. Mientras en España se destacan Rosa Montero, Maruja Torres y Manuel Vázquez Montalbán, ubicados en la contraportada de El País, Mario Vargas Llosa (“Piedra de Toque”) y Gabriel García Márquez, así como un puñado de otros buenos periodistas, aquí se han convertido en columnistas consuetudinarios los políticos de turno y de oficio, uno por el Partido Nuevo Progresista, otro por el Partido Popular Democrático y otro por el Partido Independentista Puertorriqueño.

La obsesión tripartita se ha extendido a las páginas editoriales, donde antaño reinaban las enjundiosas columnas de eruditos periodistas. Un mal entendido concepto de que si eres periodista no debes opinar de un asunto político o de cualquier tema de la vida cotidiana, ha perjudicado a la prensa y la ha privado del acervo de conocimiento e información trascendental de primera fuente de que disponen los informadores.

Este factor, a mi juicio, tiene las siguientes consecuencias. Por un lado, se priva a los periodistas de plantear en una columna, el género analítico por excelencia, el trasfondo de la noticia. Los y las periodistas son las personas que están en contacto diario con las fuentes de poder, que a su vez son las principales fuentes de información. Su rol principal es ser el puente entre la fuente de información y la gente común y corriente. Esa ubicación privilegiada les permite observar de primera mano lo que ocurre en el País. ¿Quién mejor que los periodistas para analizar lo que acontece?

Al privarse a los periodistas de este espacio de análisis y reflexión, hay quienes recurren a emitir juicios y análisis como parte de la noticia escueta, lo que a mi entender vulnera a este otro género. Por el otro lado, en ocasiones se recurre al comentario furioso, a la posición de déjame escribir esta columna porque estoy iracundo, tengo que desahogarme. Por lo tanto, leemos comentarios que no tienen la ponderación necesaria para orientar y guiar al público, para ofrecer un análisis reflexivo y profundo.

Debo, sin embargo, señalar otros dos factores que a mi juicio obstaculizan el desarrollo de columnistas periodistas. Primero, que este género es uno difícil, si se quiere hacer bien. Se necesita una formación sólida en el campo de la argumentación lógica, de buena información, mucha disciplina, tiempo para reflexionar y por supuesto, buena pluma. Los periodistas se quejan de que no tienen una u otra cosa. Los periodistas somos perfeccionistas cuando se trata de escribir un género que no es la noticia diaria y escueta.

Segundo, que los medios de comunicación no cultivan que los buenos periodistas se conviertan en columnistas, ofreciéndoles tiempo y reconocimiento por hacerlo.

Creo que debemos estimular a los hombres y mujeres periodistas a escribir buenas columnas e instar a los medios a que hagan disponibles sus páginas a los periodistas columnistas, porque sólo entonces se les podrá exigir que cumplan con la ética periodística, la ética de su profesión.

Epílogo

No podría publicar este ensayo sin aclarar su génesis y desarrollo. Ofrecí una versión de estas palabras como conferencia a la membresía de la Asociación de Periodistas de Puerto Rico (ASPPRO) durante una actividad de celebración de la Semana de la Prensa en su sede del Viejo San Juan. Mis colegas me privilegiaron con muchas preguntas y comentarios que enriquecieron la noche. De ahí surgió la idea de que El Nuevo Día abriera sus páginas editoriales los domingos para una columna, que titularon “Paréntesis”, en la cual colaboraría semanalmente un o una periodista de ese diario. Aunque ese experimento se aleja un poco de la definición clásica del género (una sola firma), entiendo que es loable que se mantenga el espacio. He leído algunas columnas excelentes bajo ese epígrafe. Quisiera entonces desde estas páginas estimular nuevamente a mis compañeros y compañeras a cultivar el noble género de la columna que puede enriquecernos intelectualmente y alejarnos un tanto de la superficialidad que en ocasiones demasiado frecuentes lastran nuestra prensa bicentenaria.

 

* Valle Ferrer, Norma. “Muchas columnas y pocos columnistas”, en Dos siglos de periodismo en Puerto Rico, Maritza Díaz Alcaide, editora. San Juan de Puerto Rico: Editorial Casa de Periodistas, 2003.

© Copyright Norma Valle Ferrer

Las más recientes

Las más leídas

You are here: Academia Periodismo y comunicación Muchas columnas, pocos columnistas